Cuarto Mandamiento – ConPadres

El cuarto mandamiento «es el primero —dice el Apóstol San Pablo— al cual ha añadido Dios una promesa» (Ef. 6, 2). La promesa de una vida larga y dichosa, estando subordinada a la salud de los hijos, no siempre se cumple aquí abajo; Dios reserva muchas veces toda la recompensa para la eternidad.
Este mandamiento es también el primero de la segunda tabla, es decir, de los que conciernen al prójimo. Encierra los deberes recíprocos de los hijos y de los padres, así como también los de los demás inferiores y superiores.
A juzgar sólo por la letra de este precepto, parece a primera vista que no habla más que de los deberes hacia nuestros padres y madres; tiene sin embargo un sentido más lato: honrarás a tus padres y a todos tus superiores. Porque siguiendo el genio de la lengua sagrada, el nombre de padres comprende no solamente los que nos han dado el ser, sino también los que según disposición de la divina Providencia, son nuestros superiores en el orden espiritual y temporal (cf. F. X. Schouppe S.J., «Curso abreviado de religión», París-México, 1906, pp. 378-379).